Categoría: <span>Psicología general</span>

Psicoterapia Integrativa

La Psicoterapia Integrativa adopta una actitud hacia la práctica de la psicoterapia que declara el valor inherente de cada individuo. Es una psicoterapia de unificación que responde de forma apropiada y eficaz a la persona en el plano afectivo, conductual, cognitivo y fisiológico de su funcionamiento; también trata la dimensión espiritual de la vida.

La Psicoterapia Integrativa tiene en cuenta muchos criterios sobre el funcionamiento humano. El enfoque psicodinámico, el enfoque centrado en el cliente, el conductual, el cognitivo, la terapia familiar, la terapia Gestalt, las psicoterapias corporales, las teorías de las relaciones objetales, la psicología psicoanalítica del self y el análisis transaccional son todos considerados dentro de una perspectiva de sistemas dinámicos. Cada uno proporciona una explicación parcial de la conducta y cuando se integran de una forma selectiva con otros aspectos del enfoque del terapeuta, cada uno de ellos gana valor. Las intervenciones psicoterapéuticas que se emplean en Psicoterapia Integrativa están basadas en las investigaciones sobre el desarrollo evolutivo y en las teorías que describen las defensas auto-protectoras utilizadas cuando se producen interrupciones en un normal desarrollo.

La Psicoterapia Integrativa se refiere también a la unión de los sistemas afectivo, cognitivo, conductual y fisiológico de una persona, con una consciencia de los aspectos sociales y transpersonales de los sistemas que rodean a la persona. Estos conceptos se utilizan dentro de una perspectiva evolutiva del ser humano en la que cada fase vital presenta tareas propias del desarrollo, necesidades, sensibilidades, crisis y oportunidades para un nuevo aprendizaje.

El objetivo de una psicoterapia integrativa es facilitar tal plenitud, que la calidad del ser de la persona y su funcionamiento en las áreas intrapsíquica, interpersonal y socio-política se potencie al máximo con la debida consideración hacia los propios límites personales y las restricciones externas de cada individuo.

 

Información del Institute for Integrative Psychotherapy

La salud mental y el covid19

El mundo está viviendo un momento muy difícil. El covid19 aún no tiene vacuna, y su afección alcanza más allá que el ámbito de la salud física. En Panamá llevamos muchos meses en cuarentena. Muchas personas se han contagiado, muchos comercios han cerrado sus puertas, muchos niños están sin poder recibir su educación, muchas personas han perdido su ingreso. Las pérdidas son incontables.

El cerebro humano (y con él, el resto del cuerpo) está diseñado para sobrevivir. Nuestro cerebro está programado para captar la más pequeña señal de amenaza, y a la orden para desplegar el mecanismo de supervivencia. Este mecanismo es como el SWAT del cuerpo: los “big guns”. Es un despliegue de hormonas y químicos desde el cerebro, por nuestra sangre, a todos nuestros órganos, que nos dejan listos para pelear por nuestra vida. ¿Has escuchado de casos en que alguien levanta un carro para salvar a su hijo? Eso es.

El mecanismo de supervivencia siempre está con nosotros, pero no está supuesto a estar activado todo el tiempo. Como el SWAT, o los bomberos; están de turno, pero no están con todo el equipo y montados en el camión, hasta que haya una llamada. Defender la vida requiere un esfuerzo enorme, y gasta muchos recursos físicos y mentales. A nivel físico la respiración se acorta, la visión se vuelve más estrecha, los sentidos se alteran, el ritmo cardiaco sube, la digestión se paraliza. A nivel mental la concentración y la atención se acortan, el pensamiento y el razonamiento se entorpecen. Solo los circuitos necesarios para la acción rápida se agudizan; lo demás disminuye. 

Desde el principio, el discurso en torno al virus ha sido un discurso de guerra: “tenemos que luchar”, “vamos a vencer”, “el enemigo”, “vamos a salir de esta”. Lo que connota que hay una posibilidad de que no venzamos, que no salgamos; que seamos derrotados. Y lo peor, es que la implicación es que será nuestra propia culpa, por no “luchar”. Esto es un estado de terror. A la misma vez, adentro de la casa el temor es: ¿qué voy a comer? ¿Qué va a comer mi familia? ¿Cómo vamos a subsistir?

Lo que estamos viviendo se llama Trauma Complejo. Es trauma que ocurre repetida y acumulativamente, a lo largo de un periodo de tiempo, dentro de relaciones o contextos específicos. Sus efectos son profundos y de larga duración.

 

Y, ¿qué hago?

Hay que cuidarse, sí. Pero eso incluye cuidar la salud mental. El cuerpo no puede mantenerse en alarma constante, y salir ileso.

  • Cierra tu cerco de vulnerabilidad

Intenta tomar conciencia objetivamente, de tu riesgo. Sí, hay un virus, pero no es verdad que tu vida está en peligro activo en todo momento. No permitas que personas alarmistas, disfrazados de comunicadores y noticieros, te contagien.

  • Reconoce tus esfuerzos

Si estás siguiendo las recomendaciones de higiene, si te estás cuidando lo mejor que puedes, no estás desprotegido. Te tienes a ti.

  • Retoma el control de lo que puedas

El futuro es más incierto que nunca. No controlamos la cuarentena, no controlamos el virus, no controlamos si los demás salen. Pero podemos controlar como nos cuidamos, como nutrimos nuestra vida. Podemos controlar a qué le otorgamos nuestra atención. Hay cosas que puedes hacer; ¿cuáles son tus talentos?

  • Atiende tus necesidades

Solo tú sabes lo que es importante para ti. Aliméntate, mueve tu cuerpo, descansa, exprésate, ten una práctica espiritual.

 

Vivir no es solo sobrevivir. Necesitamos estar pendientes de nuestro bienestar de una manera integral y holística. No es momento para demostrar, de hacer esfuerzos extraordinarios. Al contrario. Es momento de recogerse y estar descansados para cuando sea hora de reconstruir.

 

¿Reinventarse o reconocerse?

Adaptarnos es ley para la supervivencia. El que no se adapta, perece. Como humanos, nuestra supervivencia también va ligada a la aceptación y al vínculo con nuestro grupo. Desde muy pequeños, lo sabemos. Desde muy pequeños entendemos lo que se espera de nosotros, y lo que debemos hacer para generar una sonrisa en nuestros cuidadores. Aprendemos a desempeñar un papel para ser amados, y así asegurar nuestra supervivencia. Aprendemos a esconder las partes de nosotros que generan rechazo en los demás. Admiración, estatus, poder, fama, reconocimiento: son todas caras modernas del deseo de ser amados.

En mi experiencia, mientras mas te editas o te censuras para sobrevivir, menos feliz eres. No importa quienes te amen, si aquello que aman no es realmente quien eres. Ese desconecte es el centro de mucho malestar. Encajar no es lo mismo que pertenecer.

En una sociedad donde estamos inundados de mensajes acerca de lo que se espera de nosotros, de lo que “debemos” ser, de estándares de belleza irreales, de las personas como recurso deshumanizado, es muy fácil perder contacto con uno mismo.

Muchas personas sienten la incomodidad de cargar el peso de sus armaduras. Y una respuesta frecuente es buscar cambiar, cambiarse. Modificar su apariencia física, cambiar de trabajo, cambiar de país… cambios hacia afuera.

Pero como dice Borges (y Bunbury): la salida es hacia adentro. La reinvención más transcendental tiene que ser la de descartar las capas que nos hemos puesto como escudos de supervivencia, para dejar al descubierto nuestro verdadero centro. Pertenecernos a nosotros mismos. Ser auténticos. Ser valientemente honestos con nosotros acerca de lo que somos capaces, acerca de lo que nos hace felices, acerca de lo que nos despierta curiosidad, acerca de lo que nos duele, acerca de lo que tememos.

La motivación no es suficiente

La mayoría de las personas trata de mejorarse a si misma. Buscamos ser más felices, más sanas, más plenas. Sabemos lo que podemos mejorar y nos proponemos cambios. Tenemos una imagen de cómo nos gustaría ser. Tenemos una motivación, un por qué, un “allá quiero llegar”.

El problema con la motivación es que es fluctuante. Es pasional. La motivación depende de cómo te sientes y qué necesitas en el momento presente. Las motivación es “las ganas de…”.

El precursor del cambio es la acción. Y la motivación solita no necesariamente te lleva a la acción constante y sostenida que se requiere para lograr cambios de hábitos significativos. El motor que transforma la motivación en acción, es la disciplina.

Si la motivación es el por qué, la disciplina es el qué.

La disciplina es lo que te lleva a tomar las decisiones correctas en la dirección de tus metas a largo plazo, a pesar de que en el momento presente se sientan difíciles y lejanas. La disciplina es lo que te hace ir al gimnasio cuando en realidad tienes ganas de dormir un poco mas. Es la que te hace pedir pechuga a la plancha cuando en verdad tienes ganas de comer pizza. Es la que te recuerda dejar el almuerzo preparado el domingo, para no tener que salir a comer en la calle durante la semana.

No se trata de ser robots y no disfrutar la vida. Pero cuando hicimos nuestras resoluciones de principio de año, sabíamos que queríamos hacer cambios para lo mejor. Estábamos claras en el por qué. Pero cuando el ímpetu inicial de la motivación comienza a flaquear, la disciplina nos recuerda: “¿Qué es lo mejor para mí?”.

¿Con qué acciones estas dispuesta a comprometerte, para lograr tus objetivos?

motivation-1634875_640-300x225 La motivación no es suficiente

“Sólo las personas disciplinadas son realmente libres.
Las indisciplinadas son esclavas de los cambios de humor, de los apetitos y las pasiones.” 
-Stephen Covey

¡Este año sí cumplo las resoluciones!

new-years-day-1926337_960_720-300x200 ¡Este año sí cumplo las resoluciones!

Para muchas personas, Año Nuevo representa el inicio de un nuevo ciclo, un nuevo libro en blanco para escribir la vida que desean para sí mismos. Parte de la tradición de “Año Nuevo, Vida Nueva” incluye establecer las Resoluciones del Año. Es la lista de cosas que se quieren conseguir durante el año que comienza. Popularmente las listas incluyen: bajar de peso, hacer ejercicios, ahorrar, dejar un mal hábito como fumar, etc. Los primeros días del año se llenan los gimnasios, los parques; los carritos del super van llenos de comida saludable. La gente está muy motivada en enero.

Lastimosamente, a medida que el año transcurre, la motivación va disminuyendo, los viejos hábitos comienzan a regresar y nos convencemos con nuestras propias excusas. Pero ¿por qué? Si las resoluciones fueron hechas con convicción y ganas, ¿por qué es tan difícil mantenerlas? Y más importante, ¿qué podemos hacer para cumplirlas?

  1. Sé específica con tus metas.

“Pasar más tiempo con la familia” es una meta demasiado amplia. Mientras más amplia la meta, más fácil es ponerte excusas. “Ahorraré $10 a la semana” es específico; “ahorrar” es difuso.

  1. Sé realista.

La mayoría de las resoluciones de Año Nuevo fallan porque son demasiado difíciles. No es lo mismo proponerse “leer un libro cada semana” que “leer al menos 20 minutos tres o cuatro días a la semana”. No se trata de establecer metas demasiado bajas, pero sí de dar espacio a lo imprevisto. Si estableces una meta demasiado exagerada, aumentan las posibilidades de que un día la falles y te desanimes del todo.

  1. Poco a poco.

Los hábitos, tanto los buenos como los malos, toman tiempo en desarrollarse. No sientas que tienes que cambiarlo todo a la vez, a la perfección. Enfócate en dominar un cambio a la vez.

  1. Comienza de menor a mayor.

Empieza por las cosas de tu lista que sean más fáciles de cumplir. Así aumentarás tu sentido de bienestar y de autocontrol.

  1. water-intake ¡Este año sí cumplo las resoluciones!Mide tu progreso.

Lleva un diario de tu progreso. Puedes llevar una cuenta diaria de los vasos de agua que tomas, o de los días que llevas sin fumar. A medida que vayas viendo la sucesión de “retos” cumplidos, no querrás romper la cadena.

  1. Pero si la rompes, ¡reponte!

“Si ya rompí la dieta, mejor ¡la rompo con ganas!”. Nadie es perfecto. Cosas inesperadas pueden pasar. Pero no lo empeores. Haz lo mejor que puedas dentro de una mala situación, y retoma tu curso lo antes posible. Recuerda que estás modificando viejos hábitos; ellos tenderán a aparecer si tienen oportunidad. Pon en practica tu nueva conducta lo antes posible.

Ten paciencia. Recuerda que lo que más influirá en cómo termines el año serán las decisiones que tomes momento a momento.

No lo dejes para mañana. Lo único que cuenta es que ahora mismo tomes la decisión más saludable.

El niño con hiperactividad, y la escuela

No hablaremos de un “niño hiperactivo”, ya que este fraseo tan simple marca una gran diferencia. Si hablamos de un “niño hiperactivo” estamos sugiriendo que la hiperactividad es parte intrínseca de su ser, de su identidad. En cambio, hablar de un niño “con” hiperactividad supone una condición que el niño presenta, que puede ser modificada. Lo que parece un juego de palabras es clave para como nosotros percibiremos y nos relacionaremos con él, como se percibirá a sí mismo y en consecuencia, afectará su conducta.

En la escuela, estos niños suelen tener problemas ya que les es extremadamente difícil quedarse sentados, no molestar a sus compañeros, terminar sus trabajos correctamente y a tiempo.

La interacción con estos niños puede causar en los adultos impaciencia, enojo y frustración. El fastidio del adulto se suele traducir en regaños y descalificaciones conscientes o inconscientes, rebajando el autoestima del niño (“soy incapaz, ineficiente”) y seguramente produciendo rebeldía y deterioro en la relación adulto-niño. En el salón de clases, los regaños y expresiones de impaciencia por sus dificultades paralizan su proceso de aprendizaje, y crean rechazo a colaborar con la maestra.

Lo principal en el trato con estos niños es crearles el sentido de que son personas capaces, y que no son unos tontos.

Técnicas de intervención en el salón:

  • Fijar normas y límites muy claras y concisas, así como las consecuencias específicas de lo que conlleva romper las reglas.
  • No castigar en exceso: ignorar las pequeñas conductas impulsivas, pero castigarlo de inmediato cuando haga una acción que es claramente provocativa.
  • Usar el verbo “estar” y no “ser”.
  • Recordar las normas al iniciar la clase.
  • Combinar los periodos de atención con los de acción.
  • Dar más tiempo para que termine sus actividades.
  • Permitirle que continúe trabajando. Por ejemplo, hacer dibujos en la parte de atrás de la hoja, seguir añadiendo detalles que cumplan con la instrucción, etc.
  • Permitir los movimientos del niño que no molesten el trabajo de los demás ni el suyo.
  • Actividades cortas y de transición rápida y controlada, contemplando que pueda moverse luego de un tiempo determinado.
  • Decirle con frecuencia que se está portando bien, cuando cumple con lo que se desea de él. Aunque no lo parezca, puede estar haciendo un real esfuerzo.

Psicoterapia Integrativa

La Psicoterapia Integrativa adopta una actitud hacia la práctica de la psicoterapia que declara el valor inherente de cada …

La salud mental y el covid19

El mundo está viviendo un momento muy difícil. El covid19 aún no tiene vacuna, y su afección alcanza más allá que el …

¿Reinventarse o reconocerse?

Adaptarnos es ley para la supervivencia. El que no se adapta, perece. Como humanos, nuestra supervivencia también va ligada …