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¡Hay que jugar!

Todo padre quiere darles el mejor futuro posible a sus hijos, y una buena educación es una herramienta básica para ello. Los niños entran cada vez más temprano al sistema educativo, y los beneficios son muchos, desde el punto de vista académico, psicológico y sobre todo, de la socialización. Pero hay que tener en cuenta que la educación formal es solo una parte de lo que preparará al niño para la vida adulta.

Un aspecto fundamental en el desarrollo del niño es el juego; es su trabajo natural. Es la actividad más importante de la infancia. Jugando, los niños estructuran su experiencia. Es decir, tratan de hacerle sentido a sus vivencias diarias. Es la manera en que pueden expresarse libremente y contribuye a la manera en que se ven a sí mismos y su autoestima.

A través del mismo, los niños prueban, practican y aprenden nuevas habilidades, conceptos y experiencias. Exploran lo que conocen y refuerzan sus destrezas motoras.

El juego los ayuda a desarrollar el conocimiento que necesitan para conectarse con los desafíos que encuentran en la escuela. Ayuda al desarrollo intelectual del niño, porque le brinda oportunidades de experimentar nuevas ideas, nuevas formas de pensar y de solucionar problemas. Por eso se benefician más del juego espontáneo, el que ellos inventan; porque pone en marcha su imaginación, creatividad, habilidades y conocimientos.

El juego creativo consiste en utilizar materiales familiares y utilizarlos en formas nuevas. Muchos padres se angustian al pensar que el niño no está aprovechando el tiempo, y se esmeran por ofrecerles una agenda llena de actividades extracurriculares. Lo cierto es que esto les brinda la oportunidad de explorar intereses, descargar energía, hacer nuevos amigos. Pero ese juego inventado, que no le hace sentido al adulto, es verdaderamente el trabajo más importante que el niño puede realizar para su propio desarrollo físico, mental y emocional.

Además de juegos didácticos, provéele a tu hijo un espacio de tiempo exclusivo para jugar con masilla, bloques, muñequitos genéricos, palitos, hojas secas; todo lo que requiera imaginación. Los muñecos de películas, programas o videojuegos son divertidos y llamativos, pero limitan el juego a imitar más que a crear. Ten en cuenta que mientras inventan, están sentando bases que les facilitará el aprendizaje escolar.

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